domingo, 12 de diciembre de 2010

Alma de hierro

Un hijo de la calle. Un hombre lleno de nobleza y tenacidad. Su fiel compañía, la soledad: Diego Fernando Holguín Castro.

La vida de él no ha sido fácil, nació el 14 de febrero de 1982 en el seno de una familia de pocos recursos económicos, razón que no fue impedimento para que a Diego Fernando se le diera estudio y se le brindara la estabilidad emocional que necesitaba. Sin embargo el esfuerzo de Ana Lucia Castro y Adolfo Holguín, sus padres, no fue suficiente, su hijo perdió el horizonte a los escasos 17 años de edad.
Es común que durante esa etapa de la vida los jóvenes tengan un círculo social activo, participen de festividades y realicen sus pasatiempos preferidos. Diego Fernando no fue la excepción, cada ocho días bebía sin medida, hasta embriagarse por completo. Ligado a la exquisitez de su licor predilecto -aguardiente del valle- una sustancia psicoactiva tentaba a Diego Fernando y sus amigos: La marihuana.
Fueron sus amigos y estos hábitos negativos los que llevaron a Diego Fernando a abandonar su carrera, en segundo semestre de química pura. La motivación y las ganas de salir adelante no le fueron suficientes, a los 22 años partió de casa, sin rumbo fijo, recorrió caminando lugares remotos del país, desde su natal Palmira, hasta Cúcuta, Villavicencio, Casanare y finalmente Armenia.
“Pendejo que fui” afirma Diego Fernando actualmente cuando se le pregunta el por qué de sus decisiones equivocas, pese a ello, y a los grandes obstáculos que le impone la vida, es un hombre creyente, mantiene firme su fe en Dios, cada domingo se da cita en la iglesia San Francisco de Asís, para rezarle al redentor y pedirle que siempre lo guarde.
Años atrás Diego Fernando se dedicaba a pedir moneda, ahora trabaja cuidando los carros en el sector de Olímpica del norte. Los habitantes de la zona ya se familiarizaron con “Dieguito”, como lo llaman. Aseveran que es una persona tranquila y respetuosa, siempre saluda, se despide y siempre dice: “que Dios lo bendiga doctor”. Es tanto el aprecio que se ha ganado Diego Fernando que diariamente recibe el almuerzo por parte de doña Rubí una residente del lugar, en algunas ocasiones otros vecinos también le brindan un almuerzo, su única comida en el día, pues no desayuna, ni cena. Pero ese plato es suficiente para saciar su hambre “pá que mas niña” cita Dieguito.
Su rostro refleja ingenuidad, su dentadura está incompleta, su piel se percibe algo arrugada y tiene una deficiencia grande en la vista y el oído. También tiene una lesión en su pierna derecha desde hace algunos años, cuando un carro lo arrollo, dejándole serias consecuencias en su capacidad de desplazamiento.
Quienes conocen a “Dieguito” mencionan que lo han visto con heridas, posiblemente producto de peleas callejeras, pero Diego Fernando no menciona ni reconoce nada al respecto.
A pesar de los actos que lo condujeron a la vida que lleva, dice que no se puede quejar, que la gente lo trata bien y no quisiera regresar con sus padres, ni cambiar el rumbo de su existencia “es mejor solo, independientemente, recorriendo la vida”, afirma.
Se muestra muy agradecido, cada año viaja a Palmira, a visitar a quienes le dieron la vida y de paso a María Adela Jiménez Aldaña, su ex esposa con quien tuvo dos hijas -Viviana Andrea y Claudia Lorena Holguín-. Después de esa relación Diego Fernando no volvió a entablar ningún vínculo sentimental con nadie.
La calle es su morada y el frio de las noches su enemigo, lo poco que gana lo gasta en la residencia donde por lo menos duerme en un colchón y no debajo de sacos y camisas; eso es lo único que lo anima a laborar: la estadía en la residencia, aunque sea día de por medio.
Lo que le pueda sobrar en su ingreso diario lo destina como ahorro, siempre lleva consigo una maleta donde carga el dinero, sus gafas y una camisa. Como todos los habitantes de la calle, Diego Fernando sin ser la excepción no recibe apoyo por parte de ninguna entidad pública.
Es obediente, y educado con la autoridad, aunque un poco terco en ocasiones, pero nunca ha recibido maltrato físico o moral, por parte de la policía.
Hoy, Diego Fernando manifiesta que ya dejo la marihuana “ya no me gusta, a metros”. Dice que no se arrepiente de nada, pero que le pesa no haber terminado sus estudios. No tiene ningún sueño pues cree que ya está muy viejo, ha perdido el sentido del tiempo, se confunde al hablar, no tiene memoria de muchos hechos de su vida.
Diego Fernando no ha sufrido el desprecio de la sociedad, quizás sea esa la razón de su nobleza, aquella que limita con la ingenuidad y la humildad. Un ser que aprendió a valorar el pan de cada día, y asimiló que lo material no es lo esencial en la vida.
No vive, sobrevive. Aun así, la tranquilidad le surge en cada exhalación, y el rencor permanece ausente en sus acciones. Así se percibe a este hombre, que como muchos otros en el pasado incurrieron en pequeños, o grandes errores que los arrojaron a ese mundo arduo, mísero y vacío, pero del cual ya no quieren salir.

1 comentario:

  1. Actualmente se encuentra Hospitalizado en el San Juan de Dios de Armenia Cama 540F. Su estado de salud está muy deteriorado. 30 de Sep. 2014

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